El que haya sido curioso se habrá preguntado ¿de qué están hechos? Y si ha sido todavía más curioso se habrá preguntado ¿y por qué ositos? ¿por qué no gatitos o tortuguitas o elefantitos o patitos o…?
Nacieron así los Gummibärchen, caramelo blando, versátil, flexible como una goma y con forma de osito danzarín que dio inicio en Bonn (Alemania) y en 1920, al fenómeno de las gominolas y chucherías que triunfaría en décadas posteriores y cuyo consumo se dispararía en los 90.
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